Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado.
—MATEO 12:37
ES UN ERROR COMÚN creer que Dios es malo o desalmado a causa de sus estándares para entrar al cielo.
Una encuesta de Barna de 2006 mostraba que el 54 por ciento de los estadounidenses creía que, en general, si usted es una persona buena, irá a cielo, y si es malo, al infierno.
Sin embargo, pasar la eternidad en el cielo no depende de ser bueno por dos razones: Primera, porque
se basa en una relación; y segunda: ¿a qué estándar de bondad nos estamos refiriendo? El suyo y el mío
podrían ser diferentes. Bien, el estándar de Dios ciertamente es distinto, ya que es mucho más alto que los nuestros.
1. Se basa en una relación.
Veamos la primera razón: suponga que usted llama a la puerta de la casa más cara de la región y les dice: “Vengo a instalarme con ustedes”. ¿Qué piensa que le dirían? “No”, ¡por supuesto! Y usted no podría haber esperado que le dieran la bienvenida. Usted no tiene ninguna relación con ellos. Así que quienes cuestionan la imparcialidad de Dios, ¿pueden esperar vivir
toda su vida sin tener nada que ver con Él, incluso negando que Jesús sea el Hijo de Dios, y luego, cuando mueran, ir a llamar a la puerta de Dios y decirle: “Disculpe, me estoy mudando con usted”?
¿Por qué piensa usted que tiene derecho a mudarse a la casa de Dios? ¿Por qué Él se lo debería permitir? Usted nunca le pidió que fuera su Padre aunque Él se lo propuso durante su vida terrenal. En
realidad, usted no quiso aceptar como su Señor y Salvador a su Hijo, quien le dijo que era el único camino al cielo. Por lo tanto, no existe ninguna relación entre usted y Él (Juan 1:12; 8:14; 17:9; Romanos 9:7-8; Gálatas 3:26). Él no es su Padre, solamente su Creador (Colosenses 1:16). (Vea también Juan 3:36; 11:25-26; 14:6; Hechos 4:12; Romanos 3:30; 10:9-10; 1 Timoteo 2:5; 1 Juan 5:12.)
Usted dice: “¡Pero Él me conoce y se supone que es un Dios amoroso!” Él sabe que usted existe, pero no lo conoce personalmente porque usted no quiso conocerlo. Usted dijo con su propia boca: “No creo
que Jesús sea el único camino, o no creo que sea el Hijo de Dios”. Serán sus propias palabras las que lo enviarán al infierno.
En Mateo 12:37, el propio Jesús dijo: “Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado”.
Si un desconocido viniera a decirle que se está mudando a su casa, ¿tendría justificación para llamarlo a usted malo por no permitirle el acceso? ¿Tendría justificación para decir que usted es desalmado? No, porque la posibilidad de que esa persona se mude o no con usted no depende de si usted es amoroso o no; depende de la relación que usted tenga con esa persona.
Así es con nosotros. Si no tenemos una relación con Jesús, no pertenecemos a la familia de Dios, y no tenemos ningún derecho a entrar en su casa. Entonces, ¿quién es el desconsiderado e irrazonable? Nuestra falta de conocimiento no nos excusa. Es como si estuviéramos yendo a excesiva velocidad y le dijéramos
al oficial de policía: “¡No vi la señal!” Imagínese que está en la frontera de otro país y le dice a la Patrulla de Frontera: “Disculpen, soy una persona buena así que quisiera que me autoricen a entrar”. No esperaríamos que nos dejaran entrar al país, ¿verdad? Entonces, ¿por qué esperaríamos poder entrar a otro reino? Necesitamos una visa o pasaporte para ingresar a otro país, y necesitamos una relación con Jesús para entrar al cielo. Ser bueno no tiene nada que ver con ello.
2. ¿Qué estándar de bondad?
Al considerar el segundo punto —”¿A que estándar de bondad nos estamos refiriendo?”—, debemos mirar el estándar de Dios, y su estándar del bien es la perfección (2 Samuel 22:31; Salmos 18:30; 19:7; Habacuc 1:13; Mateo 5:48; Hebreos 5:9; Santiago 2:10). Sobre la base de este estándar, usted necesitaría
ser perfecto para lograr entrar al Reino de Dios. Si usted mintiera o robara o fornicara o tuviera un pensamiento necio aunque fuera una sola vez, quedaría excluido (Proverbios 24:9; 1 Corintios 6:9; Efesios 5:5; Santiago 2:10; Apocalipsis 21:8). Ese estándar es realmente alto.
Así que déjeme preguntarle: ¿Reúne usted esos requisitos? ¿Es perfecto? No, nadie lo es (Romanos 3:10, 12, 20; Gálatas 2:16; 2 Timoteo 1:9). La entrada al cielo no depende de ser bueno —y es una buena
cosa que así sea. Si dependiera, ninguno de nosotros entraría (Juan 1:12; Romanos 3:20-26; 2 Corintios 5:21; Efesios 1:7; 2:8-9; 1 Juan 4:15). Gracias a Dios, el cielo es un don gratuito, no podemos ganarlo.
El único camino al cielo es la Cruz. Jesús dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6). No importa con qué creencia usted haya crecido, y no intento
menospreciar ninguna creencia. Pero estoy aquí para disuadirlo de creer en cualquier cosa distinta de lo
que Jesús dijo. Él es el único camino.
Apocalipsis 21:8 dice: “Pero los… incrédulos… tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre”. En Mateo 7:23, Jesús dijo: “Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad”. ¡Qué terrible sería escuchar eso de sus labios! El hecho de que nos dé una
oportunidad de estar en relación con Él prueba que es un Dios amante. Escoger la vida es una decisión nuestra.
Si usted quiere discutir con Él, tendrá esa oportunidad en el Día del Juicio Final (Apocalipsis 20:13-15), cuando Jesús será el Juez.
Porque tú, Señor, eres bueno y perdonador, Y grande en misericordia para con todos los que te invocan.
—SALMOS 86:5