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    ¿Usted diría que Dios es desalmado por enviar gente al infierno?

    Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que
    lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.
    —MATEO 7:13-14

    ¡DIOS NO ESTÁ ENVIANDO a nadie al infierno! Ya todos estamos automáticamente camino al infierno (Mateo 7:13-14; Juan 3:17-18). La razón que Dios tuvo para enviar a su Hijo a la Tierra fue precisamente sacarnos de ese camino (Juan 6:40; 12:47).

    Una encuesta de Harris de 2003 mostró que el 69 por ciento de los estadounidenses cree en el infierno, pero solamente el 1 por ciento piensa que va a ir allá.
    1 Sin embargo, en Mateo 7:13, Jesús dijo: “Ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella.”
    La mayoría no comprende que ya todos están camino al infierno (Mateo 18:3; 19:14). Esto es así porque todos nacemos en pecado y ya estamos condenados. Juan 3:18 dice: “El que no cree, ya ha sido condenado”. El Salmo 51:5 dice: “Yo sé que soy malo de nacimiento; pecador me concibió mi madre”(nvi). (Vea también Salmos 143:2; Romanos 3:10, 12, 23; 5:14, 17-18; 6:23; Efesios 1:7; 1 Timoteo 2:5-6.)
    Si Él no hubiera venido a morir en nuestro lugar, todos terminaríamos en el infierno. Como todos somos pecadores, no podemos vivir en su Reino perfecto mientras lo seamos. Debemos recibir un nuevo
    corazón y un nuevo espíritu. Nos convertimos en nuevas criaturas en Cristo (2 Corintios 5:17) cuando confiamos en el Hijo y en su sangre derramada por nuestros pecados (Romanos 5: 8; 1 Juan 1:7). Él no dejará que un hombre pecador entre al cielo, porque corrompería o profanaría el cielo así como hicimos con la tierra (Apocalipsis 21:27).
    Algunos siguen pensando que Él es malo por permitir que muchos sufran en ese lugar de tormento. Pero éste es el mismo Dios que sufrió una muerte atroz en la cruz para salvarnos del infierno. Él nos ama a todos, incluso a quienes lo han negado y quienes se burlan de Él (1 Crónicas 16: 34; Esdras 7:9; Salmos 119:66-68; 122:9; 143:10; 145:9; Romanos 5:8; 1 Corintios 15:3-4; Gálatas 1:4; Efesios 2:4-5).

    El Dr. Chuck Missler dijo:
    La conclusión es que Dios no envía a la gente al infierno. La gente va a parar al infierno porque se niega a volverse a Él para obtener el perdón y el amor provistos para ellos por medio de la sangre derramada
    de su Hijo, Jesús.

    La mayoría de la gente nunca ha leído la Biblia para encontrar lo que declara sobre los requisitos para entrar al cielo. Sencillamente creemos en lo que sentimos. O peor aún, creemos que todos los caminos llevan al cielo. Este enfoque amplio y descuidado del modo de entrar en otro reino es lisa y llanamente
    ignorancia. El porcentaje de los que morirán es del cien por ciento. Pero muchos toman una actitud caprichosa respecto a algo tan serio. Se nos ha dado una elección: Creer en Él o negarlo.
    Si usted juega Monopolio, debe hacerlo según las reglas establecidas. Usted no usa las reglas de otro juego para jugar al Monopolio, ¿verdad? ¿Por qué algunos piensan que Dios debe seguir nuestras reglas y
    no nosotros las suyas? Él es el diseñador, no nosotros. Cuando usted participa de un juego en particular y
    comprende sus reglas, puede jugar disfrutando y entendiéndolo. Tiene sentido para usted. Pero antes de conocer las reglas, no lo comprende y no le encuentra sentido. Así sucede con las cosas de Dios.
    Algunas personas tienen una visión retorcida de Dios porque tuvieron una relación negativa con su padre terrenal. Esto, a su vez, hace que rechacen a un Padre celestial. Quizás usted ha experimentado abuso, dolor y abandono de su padre. A causa de su experiencia, ve a Dios y a sus órdenes como severas,
    opresivas, onerosas y exigentes.
    Cuando oye términos bíblicos como “servir” y “obedecer”, lo hacen enfadar. ¡Para muchos, servir y obedecer a alguien tiene una connotación negativa semejante a la esclavitud y la tiranía! Dios les parece malo e injusto, dispuesto a pegarles en la cabeza en cuanto lo disgusten. Todavía no se dan cuenta de que la razón por la cual Dios quiere que lo sirvamos y obedezcamos es para que Él pueda protegernos del
    mal. Como resultado, evitan todo lo relacionado con Dios, la iglesia o los cristianos. Por sus almas dañadas, rehúsan ese amor y rechazan a Dios.
    Otros han recibido de la religión una imagen retorcida de Dios. La religión representa al Padre cuya aprobación usted se esfuerza por conseguir, pero nunca obtiene. Usted nunca es lo suficientemente bueno
    para recibir el amor y la aprobación de Dios. La religión le enseña que usted debe guardar incontables reglas, pero nunca sabe por qué. Tampoco conoce jamás a Dios personalmente, y en realidad no le parece que Él sea alguien con quien usted quiera pasar tiempo, porque es demasiado exigente.
    Ése no es el Dios de la Biblia. Él ha sido sumamente distorsionado con el paso de los siglos. No, Dios no es malo, sino que ha previsto un camino para que todos vivan con Él en cielo por toda la eternidad.
    Nosotros somos malos y desalmados por no apreciar su existencia. En gran medida, no es la Palabra de Dios sino las tradiciones de hombres que se nos enseñaron lo que enmarcan nuestras creencias respecto al cielo. Si la leemos, la Palabra de Dios nos enseñará la verdad sobre el cielo.
    Clemente y misericordioso es Jehová, Lento para la ira, y grande en misericordia.
    Bueno es Jehová para con todos, Y sus misericordias sobre todas sus obras.
    —SALMOS 145:8-9

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