Aun así creo que uno de los mayores obstáculos en la salud cristiana emocional es que simplemente no entendemos nuestras emociones o nos faltan mecanismos para tratar con ellas.
Muchos cristianos ignoran enseñanzas Escriturales sobre la vida emocional y así se pierden con algunas técnicas básicas que solo raspan la superficie del problema. En forma paradójica, también tomamos nuestras emociones demasiado en serio y las hacemos la fuente de nuestra auto estima espiritual. Cuando nos sentimos santos y positivos nos juzgamos como “arriba”espiritualmente y cuando nos sentimos distantes o deprimidos nos juzgamos “abajo” espiritualmente. De hecho la conexión entre las emociones y la espiritualidad es muy leve.
Algunas personas muy felices y optimistas son carnales y mundanos, mientras que otros serios y sobrios son profundamente espirituales – y lo contrario aplica también. Mientras que es ciertamente preferible sentirse bien y “regocijarse en el Señor siempre” aun el Apóstol Pablo tuvo tiempos de intensa presión y desmotivación. Vemos esto particularmente en sus cartas a los Corintios. Y, De hecho, Jesús fue conocido como “un hombre de penas y que conocía el dolor” Aun las emociones que nos tientan no son pecaminosas. Jesús fue “tentado en todo, pero sin pecado” aunque hay una profunda conexión entre nuestras emociones y nuestro carácter.
