
(Proverbios 29:11 LBLA) El necio da rienda suelta a su ira, pero el sabio la reprime.
¿Que clase de emociones debe tener un Cristiano?
Aunque Dios es emocional hay emociones que Dios nunca tiene. Dios nunca es envidioso, lujurioso, avaro, amargo, egoísta, terco o lastimoso. Tampoco está ansioso o enojado, sino que habita en perfecta paz. Sus emociones son positivas, santas, nobles y apropiadas. Dios es luz y en El no hay tinieblas. Ya que somos llamados a ser “a la imagen de Dios”, entonces lo que sea que eso signifique, quiere decir que ese es el final de nuestra madurez cristiana, nuestras emociones deben de alguna manera compartir estas cualidades divinas. Debemos estar “caminando en la luz”.
Así que la santidad significa dejar algunas emociones y seguir otras. Debemos ser totalmente libres de emociones carnales y no santas y movernos hacia respuestas emocionales y santas. El cristiano maduro de Dios esta lleno con amor y es libre de la envidia, ambiciones egoístas.
(Santiago 3:15-18). Los miserables y mundanos deseos carnales deben ser reemplazados por el amor del Padre (1 Juan 2:15-17) y el perfecto amor hecha fuera el temor para que vivamos en quietud, paz y seguridad (1 Juan 4:18, Isaías 26:3). La gente Santa no se deja llevar fácilmente de la ira o se enfrasca en discusiones y griterías, ellas son personas centradas, llenas de amor, gozo y paz (Gálatas 5:19-23). Hay entonces una gran y santa autenticidad emocional que acompaña la madurez en Cristo.
Como guía general, nuestras emociones pueden ser clasificadas en tres:
Emociones Santas – las experimentadas por Dios como compasión, gozo, e indignación santa y aquellas que acompañaron la vida en el Espíritu como la alabanza, adoración y exaltación. Estas emociones se derivan de reino de la luz y el Espíritu (Efesios 5:18-21, Colosenses 3:16-17, Gálatas 5:22,23) y están de acuerdo con la sabiduría (Santiago 3:17,18) Estas son las emociones de Cristo en nosotros. Ellas no son necesariamente emociones pías o religiosas. Admirar un a flor o deleitarse en una música hermosa o enfocarte en la belleza y el bien, puede ser tan santo como ir a la iglesia. (Filipenses 4:8)
Emociones Humanas – basadas en nuestra situación humana y el orden creado y compartido por Jesús durante su tiempo en la tierra. Esto incluye emociones como la pena, el dolor, miedo, abandono, tristeza y vulnerabilidad. Estas emociones están bien documentadas en los Salmos.
Para los cristianos estas son temporeras y en la eternidad no habrá mas llanto ni dolor (Apocalipsis 21.4). Mientras estas emociones pueden sentirse mal, no son malignas ni tóxicas.
Ellas pueden ser dolorosas, pero no son venenosas.
Emociones Carnales – son venenosas y destructivas e incluyen emociones tóxicas como la malicia, la envidia, ambición egoísta, sensualidad, amargura, lujuria dominante y el odio homicida. Ellas están atadas con las obras de la carne y los deseos malvados. Su resultado es la muerte espiritual. Estas emociones no son parte de la humanidad en la Creación y no son “reacciones humanas naturales” (Por ejemplo la pena es una reacción natural pero la amargura es carnal. Uno puede tener una “pena buena” sin amargura. La amargura no es natural a la condición humana). Estas emociones se derivan del reino de la oscuridad y tienen su fuente en la sabiduría oscura. (Santiago 3:14-16).
Esta clasificación nos ayuda a ver el valor relativo de nuestras respuestas emocionales y a usar técnicas descritas en los próximos capítulos para ayudarnos en nuestra santificación. También expone como mentira el antiguo dicho humanista “no hay emociones buenas ni malas”. Todas las emociones no son iguales. Algunas tienen mas valor que otros y algunas emociones e impulsos son positivamente malos. Esta clasificación va un poco mas allá de la clasificación de blanco y negro como emociones “espirituales” o “no espirituales” que causan tanto dolor en los círculos misioneros tradicionales. Cuando el dolor y la decepción de ven como “no espiritual” simplemente añadimos cargas a las personas. El dolor, la decepción y la frustración son emociones humanas validas que surgen de nuestra naturaleza al encontrarse con un mundo caído.
Los seres humanos fueron creados buenos pero mortales y al explorar esta mortalidad es que encontramos muchas cosas útiles para nosotros. Esta clasificación simple también nos guarda del error de detenernos con nuestras emociones humanas estando satisfechos con solo explorarnos a ese nivel. Nos dice que hay algo mas alto, algo mas allá de nuestra mortalidad y que al enfocarnos en nuestra inmortalidad en Cristo es que desarrollamos esta parte mas sublime y noble de nuestro ser.
Entonces somos llamados a participar en las emociones santas para trascender las emociones humanas sobrellevar las emociones carnales. Con esto quiero decir que debemos escoger nuestro nivel de emociones y cuáles emociones nos dominarán. Cuando la decepción nos golpea podemos elegir responder con emociones santas y orar hasta que confiemos en Dios y podamos adorarle como hizo el salmista, o podemos responder al nivel humano y sentarnos desconsolados en nuestra miseria humana y gradualmente irla pasando o podemos responder en la carne y
responder en ira, amargura, desconfianza y venganza. Considera a Pablo en la cárcel de Filipos en Hechos 16. El alabó a Dios, cantó salmos y se regocijó transcendiendo así las emociones humanas de dolor e incomodidad y efectivamente desvaneciendo cualquier emoción carnal como la amargura o el sentimiento de venganza. Así que Pablo participó en emociones santas para que trascendieran las emociones carnales. Las emociones humanas no se niegan o se ven como mal sino que son reconocidas pero no se pone enfoque en ellas. Ellas son trascendidas. El santo se enfoca y deliberadamente elije moverse hacia las emociones santas. La oración, el ayuno y la adoración, la lectura Bíblica, meditación en las buenas enseñanzas y hacer buenas obras nos ayudan en este proceso. Sin embargo, sobre esto y mas allá de esto, estas cosas debemos trabajarlas con el Espíritu Santo.
El Espíritu Santo responde diferente a cada una de estas categorías de emociones. El Espíritu Santo se regocija y nos ayuda cuando decidimos respuestas santas. El las produce en nosotros para que puedan ser llamadas justamente “los frutos del espíritu” (Romanos 8 & 12, y Gálatas 5) por otro lado el Espíritu Santo nos consuela cuando las emociones humanas como el dolor nos sobrecogen (vea 2 Corintios 1). Finalmente El esta determinado a romper la atadura de las emociones carnales como el odio , la lujuria y la venganza. De hecho el Espíritu Santo lucha contra estos impulsos para que no podamos totalmente ceder a nuestros perores deseos. (Gálatas 5:16-18). Entonces el Espíritu Santo produce emociones santas, conforta las emociones humanas sobrecogedoras y lucha contra las emociones carnales. Pero tenemos opción en el asunto.
Podemos escuchar el llamado del Espíritu o podemos descartarlas en una rebelión carnal. Esto lleva a Pablo a decir que la mente puesta en la carne y sus emociones engañosas son “muerte” pero la mente puesta en el Espíritu con sus emociones Santas es “vida y paz (Romanos 8:5,6).
Como veremos en otros capítulos, el Espíritu renueva nuestras mentes con su perspectiva personal y estructura de creencia. La mente renovada se centra en Dios y puede ser llamada con validez “la mente de Cristo” (1 Corintios 2:14-16). Así que al ser redimida la mente y renovada y puesta en el Espíritu, resulta en vida y paz. Esta vida y paz que resulta de una buena y disciplinada mente renovada es el propósito de este libro. Esta clasificación de emociones será bastamente explicada y las complejidades y sutilezas de la vida emocional del Cristiano serán exploradas. Nuestras emociones necesitan redención si van a ser saltas y el enfoque de nuestra redención total, es Cristo Jesús quien será nuestro modelo y patrón para la Inteligencia Emocional Bíblica.