Bienvenido a esta aventura. Esto no es solo un curso de discipulado, sino que es una relación con los demás miembros del grupo y un peregrinaje que haremos juntos para crecer en Cristo. Esta experiencia une tres ingredientes que el Espíritu Santo usará para que Cristo sea formado en ti:
la vulnerabilidad, la verdad, y la supervisión. Somos vulnerables cuando abrimos nuestras vidas a otros creyentes, dando permiso al Espíritu a que obre en nosotros. Cuanto más honestos y transparentes seamos con los demás, más estaremos confiando nuestra vida al Señor. La verdad de la Escritura es el motor del crecimiento. Dado que el material de este estudio está organizado de forma secuencial y sistemática, disfrutarás al ver cómo la verdad toma forma ante tus ojos. Finalmente, la supervisión nace de un pacto que se establece entre los participantes para que todos puedan tener la autoridad de
llamar la atención a los demás si estos no están cumpliendo los compromisos que habían adquirido en un comienzo. La combinación de estos tres elementos sirve como el molde que Dios usa para ser formado en nosotros, para que nuestras vidas reflejen cada vez más a Cristo.
Hacer discípulos es el tema del capítulo uno. Vas a dar a tu vida un fundamento sólido, y parte de la madurez espiritual es el deseo de transmitir a otros la fe que ha dado sentido a tu vida. Que Dios te tome y te capacite para que puedas invertir en otras personas y hacer que eso sea un compromiso de por vida.
Ser un discípulo (capítulo dos) es algo muy serio. La única forma de ser la persona que Dios quiere que seas es negarte a ti mismo y obedecer a Cristo.
Los capítulos del tres al seis se centran en las disciplinas de la fe, lo que Dios usa en nuestras vidas para ayudarnos a parecernos más a Cristo. La palabra disciplina conlleva a veces connotaciones de mucha sobriedad y rigidez, pero la idea de disciplina en este curso es la que aparece en el libro Celebration of Discipline de Richard Foster. Según él, las
disciplinas espirituales son aquellas prácticas que nos llevan a la presencia de Dios: aquélla en la que podemos tener una relación íntima con él.
El tiempo devocional es el tema del capítulo tres, y nos introduce en la práctica de nuestra actividad diaria de encontrarnos con nuestro Señor. El tiempo devocional puede convertirse en un lugar de refugio donde experimentar al Señor como tu fortaleza y protector, y también como tu mejor amigo. Puede ser el momento del día en el que abres tu corazón y te expresas con plena libertad, y en el que Dios te contesta a través de
su Palabra y su Espíritu.
El estudio bíblico es un ingrediente clave del tiempo devocional. Este libro propone el método inductivo, un estudio de investigación en el que descubres el significado del texto bíblico a través de una serie de preguntas. Éste será el método utilizado en estos estudios para desenterrar la verdad de Dios.
La oración es otro ingrediente clave de nuestro tiempo devocional.
En el capítulo 5 aparece una sencilla guía para darle una estructura al diálogo de la oración.
Finalmente, en el capítulo seis nos centraremos en la adoración. Ya sea conjunta, o en privado, la adoración es la actividad que caracterizará nuestra eternidad, y ahora ya podemos experimentar parte de la maravilla que eso significará.
Preparándonos para la tarea que tenemos por delante la mejor forma de prepararte para los encuentros es dedicar un tiempo cada día para hacer las tareas que se os asignan cada semana. Es mejor dedicar veinte minutos cada día que hacerlas todas de forma seguida el día antes del encuentro.
La disciplina requiere práctica; si no, difícilmente podremos incorporarla en nuestra vida diaria. Se ha demostrado que normalmente tardamos tres semanas en sentirnos cómodos con los nuevos hábitos, y tres semanas más para que se conviertan en parte de nuestro comportamiento habitual.
Oremos para que estas disciplinas se conviertan en algo natural en nuestras vidas y en las vidas de los miembros de nuestro grupo de discipulado.
Tienes por delante una aventura maravillosa, pero también dolorosa y desafiante. Que Dios te bendiga en tu crecimiento espiritual.
