INTRO
«El éxito es solamente una consecuencia
de haber desarrollado una disciplina con
perseverancia».
Lucas Leys (Stamina)
En la Biblia encontramos la historia de cuando Jesús, luego de la resurrección, tuvo un encuentro con dos de sus discípulos mientras
caminaban hacia Emaús, una ciudad ubicada a unos 10 kilómetros de Jerusalén. Según leemos en el relato de Lucas capítulo 24, aquellos que decían ser sus seguidores no supieron, en ese momento, quién era Él. ¿No te intriga esa afirmación? ¿Cómo se
entiende que aquellos que se reconocían como sus seguidores no pudieran reconocerle? Las respuestas pueden ser muchas…
Algunos ilustran a Jesús oculto detrás de un manto, otros dicen que su imagen glorificada era diferente a su forma humana anterior a la
crucifixión, o quizás tenía la capacidad de confundir los ojos de la gente para que no le reconocieran. Lo cierto es que no supieron quién era hasta el momento en que partió el pan y recién entonces pudieron reconocerlo.
Esta historia destaca una verdad poderosísima. No es suficiente con saber quién es Jesús. Necesitamos tener experiencias cercanas con
Él. Jesús puede caminar contigo sin que le puedas reconocer, y de pronto, ¡puf!, viene una gran revelación a tu vida que te hace ver
claramente que Jesús ha estado caminando y hablando contigo todo ese tiempo.
ESA ES LA TAREA DE LOS
DISCIPULADORES:
CAMINAR CON ALGUIEN PARA QUE PUEDA VER CLARAMENTE A JESÚS
acompañar a otro que aún no puede reconocerlo en ciertos aspectos de su vida. Y ese es el desafío del discipulado bíblico: viajar junto a otra persona hasta que pueda
reconocer al Mesías, caigan sus velos interiores y experimente la presencia de Dios a través del Cristo resucitado.
